image/svg+xml

Seminario Ingeniería Hospitalaria

A raíz del jardín en la azotea que diseñamos para el Hospital 12 de octubre de Madrid, el pasado 21 de octubre Belén Moneo participó en una ponencia sobre "Neuro-arquitectura" en el XXXIV Congreso Nacional sobre Ingeniería Hospitalaria. En ella habló de las cualidades espaciales, su impacto en la percepción y su beneficio en los pacientes. En la imagen se ve un proyecto de Olafur Eliasson que puso como ejemplo.  

 

Neuro-parques – Conferencia Belén Moneo

21 de octubre 2016, Alicante

Azotea en el Hospital 12 de Octubre, Madrid.

Antes de empezar, me gustaría mucho agradecer a Luis Mosquera la invitación a participar en este congreso y darme la oportunidad de compartir algo de nuestro trabajo con todos vosotros aquí hoy.  Luis y yo hemos colaborado en la obra del Jardín en la azotea del 12 de Octubre, donde diseñé una zona de juego para los niños ingresados por cáncer en el hospital, 7.000 al año pasan por allí. La azotea estaba inutilizada y hubo que adaptar el espacio a este nuevo uso. Esta bonita iniciativa fue idea de la Fundación Juegoterapia, presidida por Mónica Esteban y la obra fue dirigida por Raquel Ibañez hoy también aquí con nosotros.

Sobre el tema que tenemos encima de la mesa NEURO PARQUES o para hacerlo un poco más general, NEURO ARQUITECTURA, no soy en absoluto experta. Pero el impacto que tienen los espacios que diseñamos en los usuarios, es como os podéis imaginar, un aspecto verdaderamente esencial en nuestro trabajo y de gran interés para nosotros. Temas como el efecto del color, que ya en su día fue identificado por la Bauhaus como esencial para la estimulación de los sentidos, o  la arquitectura emocional descrita en el manifiesto de Mathias Goeritz, nos adelantan algunas de estas preocupaciones. El proceso de proyectar, el acto creativo, que algunos teóricos identifican como un juego donde la libertad no solo debe estar presente sino que es necesaria, son temas que me interesan mucho y sobre los que en los últimos años he reflexionado.

La responsabilidad del arquitecto al proyectar un edificio

Al comenzar mis estudios, asistí a una conferencia de D. Francesco Dal Co, en la cual explicaba la definición etimológica de la palabra proyectar. Mientras explicaba el término, construía una imagen de algo que era lanzado al mundo como un proyectil, cargado de esperanza y expectativas, y que aterrizaría en algún lugar de la tierra donde generaría un impacto del cual el arquitecto es responsable.

Y es cierto, proyectar conlleva profundas implicaciones sociales que incluyen la manipulación de vastos recursos materiales, la realización de ciertas necesidades humanas básicas, no sólo de refugio, sino también de otras que son intangibles como son la memoria y el ritual. No en vano la arquitectura y su entorno construido conforman el escenario para todas las actividades asociadas con nuestra historia y nuestra cultura.

Pero volviendo al tema principal de hoy, la Neuro-arquitectura, en su artículo titulado “Como puede la Neurociencia influir en la arquitectura” el arquitecto Thomas Fisher, explica lo poco que realmente sabemos sobre la interacción de estas dos disciplinas, a pesar de que nuestros edificios se generan en nuestros cerebros, y por lo tanto en nuestros cuerpos, y de que nosotros estamos el 87% de nuestros tiempo dentro de los edificios. Los dos campos tratan con estructuras bellas y complejas—edificios y cerebros—pero Fisher, igual que nosotros, se pregunta cómo se genera el espacio arquitectónico y cómo afecta este a la actividad neuronal. Mientras, reconoce que la neurociencia puede informar pero no determinar la solución arquitectónica, dada la variedad de condicionantes a los que esta está sujeta.

 

 

 

 

Dicotomía Arquitecto-ingeniero vs. Arquitecto-artista

Todos sabemos que el diseño y la arquitectura son campos en los que se combina la expresión artística con las exigencias del conocimiento constructivo y la producción técnica.

Por el lado del arquitecto‐ingeniero, nos encontramos con una serie de conceptos operativos que podrían parecer derivaciones naturales de nuestras obligaciones éticas: funcionalidad, eficiencia estructural y constructiva y por supuesto, y (hoy más que nunca) sostenibilidad ambiental y socio‐económica.

Pero aquí entra el arquitecto-artista. Más allá del estricto análisis numérico del rendimiento de un edificio, el puzzle que supone el momento de conceptualizar un diseño resulta a su vez en una forma, en una materia plástica con una determinada estética. 

Boa Mistura, trabajos en Madrid

 

Está claro que criterios de funcionalidad y utilidad no son directrices suficientes para la práctica de la arquitectura; y que, en algún momento del proceso, el valor cualitativo, el juicio plástico,  debe ser decisivo.

Nos preguntamos entonces si es la condición estética de la arquitectura, entendida como la síntesis de todos los condicionantes que la han integrado, la clave para entender su efecto en las personas.

Casa Giraldi, Barragán

 

El juego como estrategia creativa = estimulación del visitante

Cuando nos propusieron diseñar el jardín del 12 de octubre, nos pareció un proyecto muy bonito. Y ha sido una experiencia maravillosa, especialmente porque sabemos que los niños que lo usan, realmente lo aprecian. Ahora pueden salir desde su colegio en el hospital, a jugar al aire libre. Y junto con “Juegaterapia”, creemos que el juego –que es fundamental en la vida de todos—es aún más importante en su vida, por los efectos curativos que ofrece.

Nosotros nos imaginamos niños para dibujar este proyecto. Queríamos que hubiera flores, peces, colores, caminos, columpios, sombras, figuras, círculos… espacio para correr y jugar … montar en triciclo… El juego nos guió la mano y el lápiz.

Por un lado, el juego puede considerarse como estrategia creativa para el propio arquitecto.

El momento creativo puede ser un momento de disfrute, puede parecerse a un juego en su complejidad y en el sentido de que muchas veces tenemos que inventarnos las reglas del juego, del encaje de bolillos y con ellas hay que construir un puzle.

Por otro lado, El juego generador y sus reglas, han quedado impregnados en el proyecto. Y la percepción del carácter lúdico de un edificio, estimula la experiencia fenomenológica del usuario.

En su libro sobre la arquitecta italo-brasileña Lina bo Bardi, la académica Mara Sánchez Llorens escribe: “Nos concierne la arquitectura (de Bo Bardi) donde habita el juego como posibilitador de las buenas relaciones con las demás personas, lo que implica que a mayor conciencia lúdica, mayor posibilidad de comprenderse a sí mismo y comprender el mundo (conocimiento)".

El juego es un mecanismo proyectual, que luego utiliza el proyecto arquitectónico como facilitador de la acción colectiva.

O como explica Johan Huizinga: “la cultura humana brota del juego” y además todo juego es, antes que nada una actividad libre….”el juego y por extensión, el mundo de la cultura, solo es posible cuando el hombre funciona libremente en un margen de seguridad proporcionado por la satisfacción de sus necesidades”.

Algunos proyectos reflejan mejor que otros esta condición lúdica de sus espacios, del momento creativo plasmado en la arquitectura. Pero sabemos gracias a la neuro-arquitectura. Y parafraseando a Fisher, las personas mayores y seguramente las demás también, se benefician de estar en espacios complejos, aquellos que son novedosos y estimulantes.

Sobre la Fenomenología, parecido, pero no igual a la Neuro-Arquitectura

Empezaré leyendo un fragmento del Manifiesto de arquitectura emocional, que el artista alemán afincado en México Mathias Goerizt, publicó en  marzo del 1954.

El arte en general, y naturalmente también la arquitectura, es un reflejo del estado espiritual del hombre en su tiempo. Pero existe la impresión de que el arquitecto moderno, individualizado e intelectual está exagerando a veces- quizás por haber perdido el contacto estrecho con la comunidad`, al querer destacar demasiado la parte racional de la arquitectura.

Pide- o tendrá que pedir un día—de la arquitectura y de sus medios y materiales modernos, una elevación espiritual; o simplemente dicho: una emoción, como se lo dio en su tiempo la arquitectura de la pirámide, la del templo griego, la de la catedral gótica—o incluso—la de palacio barroco. "Solo recibiendo de la arquitectura emociones verdaderas, el hombre puede volver a considerarla como un arte”.

Torres Satélite, México, Mathias Goeritz

 

Hace tiempo, los arquitectos reconocieron la importancia primordial que las cualidades del espacio arquitectónico tienen sobre la percepción, los sentidos y el cuerpo humano. Desde entonces la comprensión y el conocimiento fenomenológico de la Arquitectura se han asentado y este enfoque, ha sido una revelación liberadora para muchos arquitectos.

Bajo estos parámetros, la experiencia fenomenológica de la arquitectura se traduce a que algunos profesionales se ven a sí mismos como artistas trabajando libremente. Impulsados por el deseo de que su trabajo sea juzgado en los mismos términos de experiencia fenomenológica en la que ellos se ven inmersos, ESTOS PROFESIONALES esperan que su lenguaje arquitectónico se construya sobre aquellas características espaciales y materiales que la propia obra genera. Trabajando de esta manera, la paleta de colores de la que dispone el arquitecto se convierte en un abanico de impactos sensoriales tan amplio como se pueda imaginar y el papel de la intuición se magnifica.

Sobre el significado y su comunicación

Pero aún cuando aceptamos que hay un abismo entre lo que quieren expresar unos arquitectos y otros, aun así debemos ser capaces de poder discutir cuales son los mecanismos operativos para la transmisión de una idea arquitectónica.

Cuando un edificio tiene la capacidad de transmitir ideas a un público, es importante reconocer que el contexto en el que se hace tal lectura es vital para el significado. En palabras de George Baird, “si queremos que se registre, el mensaje debe ser de alguna manera sorprendente, pero no completamente inesperado”.

Esto querría decir que, para que podamos descifrar y apreciar el significado de una obra de arquitectura, debemos acercarnos a ella por medio de lo conocido y familiar, antes de que esta pueda sorprendernos.

Neuroarquitectura, una nueva ciencia

Volvamos a la neuroarquitectura que ya es una disciplina emergente en Estados Unidos y que cuenta incluso con una Academia de Neurociencia para Arquitectura.

Explica Elsa Punset que esta disciplina:

Empieza a arrojar indicios interesantes para ayudarnos a comprender cómo el hábitat en el que vivimos afecta a nuestra salud física y mental. No se trata sólo de intuir que el color o el espacio tienen un impacto sobre nuestro estado de ánimo. Se trata de ir un paso más allá e indagar sobre qué efecto específico tienen los espacios sobre el estrés, las hormonas y el tipo de pensamientos que generamos. Actualmente se está investigando la relación entre espacios amplios y pensamiento creativo; sobre el poder misterioso de la naturaleza para estimular tanto la concentración, como la curación de las personas tras una enfermedad; o sobre el impacto de los edificios y muebles con ángulos afilados sobre la amígdala, implicada en los procesos de defensa y agresión del cerebro.

Se trata pues de descubrir y reconocer de forma consciente el impacto, positivo o negativo, del espacio que nos rodea en nuestras vidas, en nuestra creatividad, en nuestros ánimos.

O aún más, Zeisel nos invita a reflexionar si el análisis de la neurociencia podría ayudarnos a crear espacios que potenciaran y aumentaran la capacidad de nuestro cerebro.   

 

Conclusión

Al final, nuestra tarea como arquitectos y diseñadores es compleja, y la máxima de la buena práctica arquitectónica siempre ha sido la de estimular al visitante en muchos sentidos. Por un lado somos una profesión que aporta un servicio, mientras que por otro lado sabemos que nuestro trabajo conlleva la posibilidad de generar espacios transformadores y que la obra es más que un mero ejercicio de funcionalidad neutral. Creemos que debemos simultáneamente dar soluciones satisfactorias a los usuarios y a la vez expandir sus horizontes. Debemos facilitar sus necesidades funcionales y en el proceso sorprenderles y captar su atención.  Consideramos que en esto consiste hacer buena arquitectura. Nuestra esperanza es que los usuarios así sorprendidos ‐‐y por lo tanto motivados‐‐ consideren la experiencia arquitectónica o del espacio como una experiencia memorable. Seguramente con el tiempo la nueva disciplina de la neuro-arquitectura,  podrá comprobar la buena arquitectura --que se preocupa de que los espacios estén conectados con la naturaleza, con luz natural, buena ventilación, bien organizados espacialmente, con color y textura-- es aquella que más estimula nuestro cerebro.  Y quizás también pueda demostrar que el acto creativo entendido como un juego desarrollado con libertad, es aquel que nos ayuda a producir espacios más innovadores, atractivos y estimulantes para nuestras neuronas.

Bibliografía

  • Fisher, Thomas. How Neuroscience Can Influence Architecture.
  • Goeritz, M. (1953). Manifiesto de Arquitectura Emocional. Mathias Goeritz, 323-24.
  • Sánchez Llorens, M. (2010). Objetos y Acciones Colectivas de Lina Bo Bardi (Doctoral dissertation, Tesis Doctoral, Universidad Politécnica de Madrid).

Café de la Reina

Conectado al vestíbulo de un elegante hotel de Lujo, el Café de la Reina o “BUR-BU-JA-JA” aporta la nota colorista y desenfadada al conjunto. El espacio se transforma de cafetería-delicatesen durante el día, a bar de sofisticados cocteles por la noche ofreciendo al visitante una envolvente de materiales iridiscentes y colores marinos.

Una gran barra verde y sinuosa recorre y estructura el alargado espacio, mientras una celosía de “algas” camufla el muro cortina de la fachada y las vistas de la ciudad más mundana, diluyéndolas en pequeños fragmentos de un mundo orgánico, subacuático. Paredes onduladas y suaves, con bandas reflectantes y bancadas y mesas circulares contribuyen --junto con los demás elementos-- a proporcionar una atmósfera sensorial donde el espacio y el usuario interaccionan a través del movimiento

Compartir:

Cliente

Aragonia

Localización

Zaragoza, España

Arquitectos

Belén Moneo, Jeffrey Brock

Equipo de Arquitectura

Andrea Caputo, María Pierres, Sandra Formigo, Andrés Barrón, Spencer Leaf and Silvia Fernández

Maqueta 3D

Andrés Barrón

Parroquia en Pueblo Serena

La iglesia de El Señor de la Misericordia está ubicada en el centro del conjunto urbanístico Pueblo Serena, en Monterrey, un nuevo centro comercial y social, rodeado de un imponente paisaje montañoso. El factor más significativo en el emplazamiento y orientación de la iglesia es su relación con una gran plaza. Tanto la iglesia como la plaza son importantes espacios públicos que dialogan entre sí, donde los ritos y festividades religiosas pueden encontrar acogida cuando se desbordan los confines del recinto.

Con este proyecto de arquitectura contemporánea se entabla un diálogo en el que los espacios de la iglesia no solo posibilitan una serie de actividades, ritos y celebraciones, sino que también se integran en un lenguaje arquitectónico con una larga historia, que habla de continuidad pero también de renovación. Esta iglesia es un lugar de meditación, pero también un centro educativo.

La fachada presenta un gran plano rectangular, declarando con énfasis su frontalidad hacia la plaza. El silencio de este espacio deriva de una materialidad sencilla y austera; anuncia un espacio de tranquilidad y recogimiento en el interior. Una gran marquesina protege y anuncia una ancha entrada de 11 metros, y sus múltiples puertas son abatibles y transparentes, admitiendo la total conexión visual del interior de la iglesia con el espacio exterior de la plaza. Una serie de celosías correderas de acero permiten modular la privacidad o apertura entre los dos espacios.

Al ser un edificio exento y estar en el núcleo del conjunto urbano, su volumetría exterior de diseño moderno ofrece solidez y aplomo. Sus formas rotundas nos recuerdan a las de las primeras misiones americanas hechas de adobe y madera. El gran campanario de 43 metros de altura permite que la iglesia pueda ser divisada desde una gran distancia, sirviendo de referencia a los conductores de la Carretera Nacional, donde está ubicada.

Aunque la iglesia tiene un marcado carácter moderno, la organización de la iglesia en planta deriva de iglesias tradicionales, y el diseño presenta características arquitectónicas reconocibles, extraídas de prototipos de templos cristianos; como el campanario, los vitrales, el altar frontal, el baptisterio, el coro, las tres capillas y el patio interior. La propuesta de arquitectura, interiorismo y diseño es, a un tiempo, reconocible y novedosa.

La planta del templo cuenta con una nave central de 15 metros de ancho, por 18 metros de largo, por 15 metros de alto, cuyo eje norte-sur desemboca en el altar. La luz natural es el centro de este proyecto: cada una de las tres pequeñas capillas, orientadas al este, tiene una fuente de luz cenital natural mediante un gran tiro vertical coronado por un romboide en la cubierta. Cada rombo tiene una orientación particular, por lo que el color de la luz de estas capillas que iluminan la nave central va cambiando a lo largo del día. La primera capilla es la del Santísimo, donde se encuentra el Sagrario, la segunda es la del Señor de la Misericordia y la tercera es la capilla de Juan Pablo Segundo.

Por encima del altar, hacia el norte, hay un gran lucernario cuya luz dibuja una cruz latina en el vacío que preside la totalidad del espacio; mientras que en el oeste de la nave contamos con el baptisterio y el coro en un piso superior. El baptisterio se abre a una larga ventana horizontal protegida con una ligera marquesina que difumina la luz, nos ofrece la vista de una gran lámina de agua que rebosa en cascada hacia un patio interior. Una robusta pared de celosías de piedra protege el interior de la iglesia del ajetreado exterior. Finalmente, los haces de luz coloreada de una gran ventana-lucernario de vitrales completa la entrada de luz natural en la esquina suroeste.

Como en cualquier iglesia, la acústica era de suma importancia. Se hizo un estudio de los espacios y se dispusieron materiales óptimos como la madera modulada mediante listones en los puntos más necesarios: en la pared detrás y enfrente del altar, sobre la entrada y en la totalidad de las paredes del coro. La colocación en degradado de las pequeñas piezas de madera que se extiende también a las capillas, no es, por tanto, únicamente estética.

La consideración de métodos sostenibles en este proyecto era imprescindible. Por ello se ha diseñado un sistema de ventilación que permite la corriente de aire natural mediante aperturas de entrada y salida en puntos estratégicos. Así, la iglesia queda aclimatada sin necesidad del aire acondicionado durante parte del año, aunque no se descarta su uso puntual cuando las altas temperaturas lo requieran. Además de utilizar diversos materiales para que el interior esté debidamente aislado, el gran espacio que se forma entre el falso techo de la nave y el forjado de la cubierta actúa de cámara de aire y plenum para mantener la ventilación y la temperatura adecuadas.

La propuesta de interiorismo está integrada en la arquitectura y todo el mobiliario es diseño de Moneo Brock, desde los bancos de madera, hasta el altar, el coro y las múltiples celosías, las correderas de la entrada, las puertas del Sagrario, la puerta de entrada a la zona de los osarios y la celosía que separa el baptisterio de la nave principal. También se han diseñado piezas de carácter artístico, como los vitrales del gran rosetón (una reinterpretación actual de este elemento gótico, que en esta ocasión está orientado al oeste para gozar de una mayor luminosidad), el vitral de los osarios y el sagrario en tonos dorados con formas geométricas triangulares. Asimismo, se encargaron para esta iglesia varias obras de arte: el Cristo del altar, de madera tallada, obra de Francisco Leiro; el mural de Juan Pablo II en la capilla tercera, pintado por Pedro Cuni; y el cuadro del Cristo de La Misericordia de Carmen Pinart, presidiendo la capilla segunda. Estas obras completan el espacio con arte contemporáneo, respetando el contenido tradicional.

Gracias a la apertura de dos grandes patios que permiten la entrada de luz natural en la planta sótano, se introdujeron aquí espacios con diferentes usos. Asociados al patio norte, se ubican los despachos administrativos de la parroquia. Por otro lado, el patio oeste ilumina unas salas educativas y multi-usos hacia el este y hacia el oeste el espacio de los osarios que incluye una pequeña capilla en su interior, donde se produce un ambiente más íntimo debido a una cascada. Uno de los retos de la planta sótano era resolver el acceso y conexión de la iglesia a la galería comercial. Para generar un espacio de transición entre ambos se diseñó un vestíbulo de adaptación con un gran lucernario prismático que dialoga y se refleja en un plano de agua. Acorde con la temperatura elevada de este lugar y el ambiente de tranquilidad y oración, se eligieron materiales elegantes y de tonos cálidos, como el suelo de mármol o la madera. Los colores del rosetón y las obras de arte avivan el espacio.

El paisajismo de Harari Landscape suaviza la arquitectura e integra, mediante el uso de grandes arboles (encinos) y espectacular control y elección de la vegetación, los distintos edificios que componen el conjunto.

 

Compartir:

Cliente

Plaza Serena / Inmobiliaria Cañón del Huajuco

Localización

Carretera Federal 500, Monterrey México

Tamaño del edificio

1600 m²

Presupuesto

$ 2.077.717

Arquitectos

Belén Moneo, Jeffrey Brock

Equipo de Arquitectura

Irene Alberdi, Andrés Barrón, Fabrice Leray, Jaime Salvador, Sara Pericacho, Irene Hernádez, Juan Galloso

Maqueta 3D

Fabrice leray, Andrés Barrón

Ingeniería de Estructuras

RGT Ingeniería (Gerardo Hernández)

Consultor de Acústica

Arau Acustic (Higiniarau)

Constructora

Plaza Serena

Fotógrafo

Jorge Taboada

Laboratorios de la Universidad del Rosario

El Campus de Quinta Mutis de La Universidad del Rosario tiene una estrecha relación con el barrio del Siete de Agosto en Bogotá. En su interior se combinan construcciones históricas de gran valor patrimonial con edificios de carácter industrial que restan valor al conjunto. El proyecto, que supone la primera fase de una renovación del campus, se sitúa en la esquina suroeste del conjunto y pretende sustituir a una serie de construcciones provisionales.

Moneo Brock propone enfatizar los valores de la Universidad del Rosario, y actualizarlos al siglo XXI. La visión de un campus universitario abierto y del edificio como ágora, no sólo para los estudiantes sino también para el barrio, supone un punto de inflexión en el proceso de diseño de este conjunto.

El  edificio de laboratorios se eleva sobre el barrio como un afloramiento mineral, dialogando tanto con la ciudad como con el rico paisaje de la ciudad de Bogotá. Este volumen se eleva sobre un basamento, de escala similar a las construcciones existentes, complementándolas y reaccionando en cada una de sus fachadas a los episodios circundantes.

Coronando el basamento, una gran terraza ajardinada suaviza la transición entre el volumen estilizado y el entorno de baja altura. La importancia de la vegetación, y la cercanía de los colombianos con su entorno botánico se dejan sentir en este espacio abierto con vistas.

Volumen alto y basamento quedan atados y estrechamente relacionados a través de una cadena ascendente de espacios comunes de doble altura que se combinan con espacios docentes y de investigación. Esto permite que el edificio se abra y tome conciencia del paisaje, además de ofrecer espacios flexibles que facilitar futuras ampliaciones y cambios de programa.

Espacios punteros que acogen e invitan a participar de esta institución a alumnos, profesores, empleados y a una comunidad de vecinos son aquí el motor de diseño.

El programa consiste en 25000 m² de edificio construido que se dividen en 12000m² de espacios docentes zonas comunes y áreas de investigación, 3000 m² de sótano y 9000m² de salones, oficinas y un gran espacio polivalente.

Compartir:

Cliente

Universidad del Rosario

Localización

Bogotá, Colombia

Superficie Construída

25.000 m²

Arquitectos

Belén Moneo, Jeffrey Brock, Fernando de la Carrera, Alejandro Cavanzo

Equipo de Arquitectura

Francisco Blázquez, Irene Alberdi

Maqueta

Moneo Brock

Maqueta 3D

Moneo Brock

Parque Fluvial del rio Tajo

La actuación principal de la propuesta es la de conservar y revitalizar el ecosistema propio del río Tajo, subrayando la importancia que tiene este paraje natural para el disfrute de todos los ciudadanos de Talavera, creando un Parque Fluvial Natural Paisajístico y Humano, apuntando a la posibilidad de que este Parque Natural del Tajo, que comienza en Talavera, pueda ir creciendo y sumando territorios y ciudades de tal manera que, en unos cuantos años, podamos recorrer las riberas de su cauce desde la sierra de Guadarrama hasta su desembocadura en Lisboa.


Por tanto, se entiende la actuación como una serie de intervenciones, todas ellas dentro del sentido global de esta prometedora idea. La primera condición será la de entender que el río debe ser el protagonista en este lugar, recuperando el importante valor que hizo que Talavera de la Reina se fundara junto a él. La segunda condición será la de hacer que el río sea accesible para el disfrute de todos los ciudadanos, para lo cual proponemos una serie de intervenciones y actividades que acercan la naturaleza y el río a la ciudad. Finalmente, si este parque se convierte en el enclave paisajístico de calidad que pensamos tiene el potencial de ser, el parque podría ser un reclamo turístico para Talavera a nivel nacional, como dotación supramunicipal, con oportunidades económicas y sociales de las que se beneficiaría la ciudad entera.


Las soluciones y los objetivos que se proponen pasan por medidas sostenibles para la mejora de la calidad del agua, la recuperación generalizada de los hábitats y especies propios del río Tajo en este tramo, la mejora paisajística, el uso del río y sus orillas acorde a la conservación de su biodiversidad y su paisaje y la exposición del proyecto a la participación ciudadana, con el fin de lograr un mayor conocimiento de su patrimonio fluvial.


Se pretende que el río sea para “todos” en sentido amplio; es decir: que permita el desarrollo de la vegetación y el complejo de hábitats propios del lugar; que albergue numerosas especies autóctonas de flora y fauna; que se mejoren y recuperen los escenarios paisajísticos del río y su vega, de gran calidad visual y enorme atractivo; que se permita el acceso a las orillas e islas a los ciudadanos de Talavera y a sus visitantes para su uso y disfrute; todo ello convenientemente armonizado para mantener la riqueza natural, el contenido paisajístico y los usos potenciales. En definitiva, se trata de conseguir un Parque Fluvial Natural Paisajístico y Humano.

Compartir:

Cliente

Confederación hidrográfica del Tajo y Ayuntamiento de Talavera de la Reina

Localización

Talavera de la Reina, España

Arquitectos

MONEO BROCK, BLASCO ESPARZA, EIN

Equipo de Arquitectura

Irene Alberdi, Mathilde Noirot