“Geoda”, nuestra propuesta para el Nuevo Museo Nacional del Ecuador, nace de una pregunta: ¿cómo puede la arquitectura expresar la identidad de un país? El MUNA se concibe no solo como un edificio destinado a albergar una gran colección, sino como un símbolo capaz de conectar el pasado, el presente y el futuro de Ecuador.
El ecuador define el país y da forma al museo. La condición geográfica única del país se transforma en arquitectura: un volumen compacto y reconocible, organizado en torno a un gran patio central que evoca los patios históricos de Quito y cuya geometría queda atravesada diagonalmente por la línea ecuatorial. La cubierta inclinada nace de la intersección entre esta línea y la trama urbana, incorporando luz natural difusa e indirecta a los espacios interiores.
Situado sobre el eje longitudinal del Parque La Carolina, el edificio se integra en el sistema urbano y paisajístico y se retranquea frente a la Avenida República para crear una plaza arbolada que actúa como antesala del museo y prolonga la vocación ecológica del parque hacia el futuro Bulevar La Pradera.
El museo se desarrolla en siete plantas sobre rasante y tres bajo rasante, con una organización clara y eficiente de circulaciones independientes para público, personal técnico, obras de arte y salvamento patrimonial. Una retícula estructural de grandes luces genera salas diáfanas y flexibles, mientras que las reservas, protegidas bajo rasante, garantizan las condiciones óptimas para la conservación del patrimonio.
El gran atrio constituye el corazón del proyecto. Atravesado por un óculo, funciona como un calendario solar que convierte el movimiento de la luz en una experiencia espacial y simbólica, especialmente significativa en la latitud cero. Ciencia, arquitectura y cultura convergen así en un espacio capaz de acoger también instalaciones artísticas de gran escala.
El recorrido museográfico propone un viaje descendente desde los orígenes geológicos de Ecuador hasta la contemporaneidad, ofreciendo lecturas cronológicas, temáticas y transversales. Como elemento singular, las Reservas Visibles, distribuidas entre las plantas de exposición, acercan al público al patrimonio normalmente oculto y convierten la conservación en una experiencia de apropiación cultural e identitaria. Las plantas superiores albergan oficinas, biblioteca, aulas, talleres y espacios de restauración, culminando en terrazas abiertas con vistas sobre la ciudad y el Parque La Carolina.
El proyecto adopta una estrategia Passive First, en la que la propia arquitectura reduce la demanda energética mediante la masa térmica de la envolvente de piedra, el aislamiento, la iluminación natural y la ubicación protegida de las reservas. Estas estrategias se complementan con energía fotovoltaica, captación de agua de lluvia y geotermia.
El MUNA se concibe, en definitiva, como mucho más que un museo: un espacio de encuentro ciudadano, un centro de conocimiento y un símbolo nacional donde arquitectura, patrimonio, paisaje, ciencia y cultura se unen para expresar qué significa vivir en el centro del mundo.